Las fanáticas de las mari-mondas – Crónica Carnaval de Barranquilla Swinger

 

Por: Pornomotor

Mientras elpopular carnaval de Barranquilla estaba en su furor, yo decidí no irme para La Arenosa, me quedé para disfrutar el carnaval erótico de Colsexy en honor a esa fiesta y creo que no e equivoqué.

 Así que el que se fue para Barranquilla perdió su silla, ya que pudo rumbiar del carajo, pero aquí en la capital estaba una buena rumba con el valor agregado del sexo a montones.

Después de una “temporada de receso” volví para este encuentro y me sorprendió ver cosas renovadas, gente novata y sobre todo un buen casting de chicas nuevas, ellas estaban con la actitud de pegarme una “carnavaleada” bien tenaz para celebrar mi regreso a los eventos. En el living del hotel no me encontré con ningún costeño de “sombrero voltiado”, de camisa “floriada” y con media de ron en la mano, pero si me encontré con un costeño bien “cachaco” de traje y corbata que me lo presentaron como el doctor. Me pareció excelente apuesta el tener un especialista en ginecología, que valore a las niñas que acuden a estas fiestas para asi brindarles a los participantes unas aptas condiciones de higiene y salud. Para decirlo en términos vulgares “saber que la carne que uno se va a comer está en buen estado”. Un punto a favor de Colsexy para consolidarse en estas fiestas temáticas como una opción seria y fiable por encima de otras (si es que existen) que pretenden hacer lo mismo. Ahí vimos al doctor toda la noche, caminando de lado a lado por el recinto, dispuesto a escuchar todo tipo de consultas sexuales, atendiendo los casos que se requieran y lo más importante: garantizando otro tipo de estatus a estos encuentros, incluido el sexo seguro.

Pero ahora sí pasemos a la parranda echèèè!!, ahí estaba el animador Carrillo con su jocosidad y con una guacharaca en la mano recibiéndome. Al abrir la puerta encontré un “bar show dance” en donde me empujé un ron para irme poniendo a tono con la fiesta, motivado con la presencia de una chica trigueña espectacular que servía tragos, especialmente el tequila que es su fuerte, una “bartender” deliciosa que también baila y menea las caderas al ritmo de la música tropical. En la sala de fantasías del fondo la gente fornica en la camadoble, en el plasma de la habitación pasan una “peli” de una orgía que contrastaba picantemente con el sexo en vivo del lugar a media luz. Dos ardientes nenas son las protagonistas de un “gang bang” al que no dudo en unirme para estar con un pelinegra de tetas esplendorosas que se bambolean mientras es penetrada por un tipo flaco, ella está encima cabalgándolo, exhibiendo sus tetas en frente mio y yo se las acaricio, se las chupo y después terminamos intercambiando de roles con el flaco, yo penetro a la pelinegra “en perrito” mientras el se arrodilla delante de ella y se hace una buena paja rusa en sus tetas.
Cuando termino la faena me quedo mirando la escena de al lado, en donde una monita enmascarada recibe placer simultáneo por dos varones y una mujer.
A esa enmascarada yo la conozco de fiestas atrás, su nombre es Danna y hoy ese “look” le venía como anillo al dedo, no era una máscara marimonda, era más bien un antifaz pero como esta nena es amante de las mondas tenía una actitud carnavalesca para el sexo, dando gritos guapachosos cuando la penetraban y meneando sus caderas a lo Shakira cada vez que estaba arriba cabalgando sobre un macho.

Afuera la guacherna ya vibraba al ritmo de las melodías caribeñas, no podía faltar el reggaetón del que gozan casi toda las mujeres de la fiesta y después Carrillito se las ingenió para formar una verdadera parranda vallenata en donde sonaba la guacharaca y demás instrumentos de mano artesanales. Claro que las parejas de vez en cuando se volaban para el cuarto oscuro o cualquier otra habitación para seguir el carnaval en privado.

Una habitación contigua al cuarto de los masajes también se volvió en escenario de los “gang bang”, allí vi a una parejita habitual en los encuentros, son Horacio y Norma, él un tipo alto y acuerpado y ella una pelinegra muy sexy de color canela que tenía un traje negro bien ajustado al cuerpo, ligueros y tacones, una pinta no carnavalesca pero si sensualísima. Ellos pusieron el desorden en el cuarto y allí no podía faltar la presencia de Danna, la monita, una aventajada en esto de las faenas fuertes. Un señor de barriga prominente se une a la mini fiesta de cuerpos desnudos en la cama doble, es decir el “gang bang” se puso “pesado”, no se como este participante no aplastó a una chica menudita que estaba contra la pared sometida por dos varones y el gordo como adicional al combo. En la otra esquina Horacio se tiraba a su mujer y a ellos se les unió una amiguita que al principio le estaba lamiendo el coño a Danna. En esa faena tenía que meter la cucharada y por eso termine clavando a la chica menudita que casi es aplastada por el gordo.

Es hora de mamarse otro ron y seguir carnavaleando en la pista, en donde al final de la noche se improvisaría un show de “macho man”. Los hombres ya bastante desgastados necesitaban de un estímulo más para cerrar la parranda con broche de oro. Pero las hembritas estaban insaciables y querían más ron, vallenato y marimonda ¿que se perdieron las típicas mascáras?, bueno con mondas se conforman, eso no lo dude. Entonces después de un show lesbian bien picante, apareció una flaquita de cara divina e aire inocente para calentar a los varones que aplaudian a rabiar. Ella invitó a un muchacho del público para que se la tirara en vivo, lo sentó en una silla y al ritmo de la música se le contoneaba y luego se le sentaba encima a restregarle sus nalgas por encima de su miembro. Como no pasaban más voluntarios a la niña le tocó hacerle sexo oral y mucho más, pero el “amiguito” del chico parecía Joselito Carnaval: ya estaba muerto y fue imposible resucitarlo pese a las múltiples maniobras de la nena por levantarlo. A eso sumele la barra que algunos hombres le hacían, algo que creo que en vez de ayudar produce el efecto contrario en el macho-man de turno. Aparte del sexo lésbico de las nenas invitadas, esta vez nadie del público se animó a tirar en la pista en vivo. Pero el estímulo de fornicar se mantenía latente.

Por eso todo el mundo se fue para las habitaciones a consumar el último cuarto de hora de desfogue. Ya se había carnavaliado mucho y bebido de igual manera. Dos hombres casi borrachos hacían sonar la guacharaca y el pequeño tambor sin nada de ritmo. En el cuarto de fantasías estaba abandonada la máscara “marimonda” que supongo era la de Danna, un fetiche que sintetizaba toda la locura desatada en esta noche de sexo y carnaval.

“Barranquillero que camina arrebatao” dice la canción que sonó casi al final de la rumba, para mi caso y el de muchos asistentes se diría “que tira arrebatao”. Lo que concluye que, sin ser necesariamente barranquilleros, la pasamos bien y que nada le teníamos que envidiar a los que se fueron al verdadero Carnaval. Y todo porque en “nuestro Carnaval” estaban las fanáticas de las mari-mondas.